Estoy molesta con él.
No me deja escribir. No puedo escribir ni mis sueños. No puedo contar que hace tres días soñe que estaba en un automercado, y la chica de la caja me dió unos billetes raros como cambio, y me dió demás y me regresé a devolverselo. No puedo contar que me devolvi a seguir comprando y metía cosas absurdas en el carrito, como “colores para tarjetas”, “medias de deditos plateadas”. No puedo contar que un amigo me regañaba en el camino, que tropecé con unos ojos inmensos en el suelo, que tenía hambre y revisaba mi telefono viejo diciendo “no creo en un mensaje del número equivocado”.
Que repentinamente cambiamos de escenario y estaba en una casa colonial, visitando a una amiga que tuvo un bebe hace un año, yo lo tomaba del suelo y le decia a mi amiga “me lo voy a robar”, el bebé se reía, le faltaban los bracitos. Estabamos en una reunion familiar, habían muchas mesas.
Algo que me impactó de ese sueño, es que bajando, por la 2 a su lado, mientras hablabamos y huiamos de ser arrollados por los carros, observé a una señora subiendo frente a nosotros sin brazos, esa misma tarde pagué unas pegatinas de colores y la chica de la caja me dió demás, caminé dos cuadras para devolverle el dinero, en la noche alguien me dijo “a veces los ojos que se encargan de cuidarnos no nos ven desde arriba, nos ven desde abajo”.
No creo en las revelaciones, ni en los significados, ni en las señales. Pero las coincidencias me dan mucha curiosidad.
Estoy molesta con él, porque no me deja escribir. Porque me produce muchas ganas de dibujar, porque no me hace racional. Y no me importa caer.
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